lunes, 1 de febrero de 2010

Muerte Anunciada...

Domingo 10 de Enero de 2010.


Carta Abierta a la Concertación

Creo que uno de los principales errores que ha mostrado esta campaña política de Frei, y que probablemente lo harán perder el próximo 17 de Enero, es que no ha sabido expresar, primero, qué es lo que quiere, y segundo, qué le acomoda más. No ha podido resolver la pregunta de si es más partidario de la acción política en todo su sentido (al Estilo de los grandes políticos como Lagos, Insulza), y que es lo que hoy la ciudadanía detesta -encarnada en su máxima expresión con la soberbia de Escalona y Latorre-, o si más bien se encuentra cercano a la “nueva” forma de hacer política que la derecha tan bien ha encarnado con “liderazgos” como los de Andrea Molina, Marcela Sabat, Patricio Laguna, y que por acá Orrego, Undurraga, Harboe pretenden imitar en un cierto sentido de cercanía con las personas... pero de una manera mucho más llena de contenido.


Una acción política más en terreno, pero que no ha mostrado muchas luces acerca de cuál es la idea grande que se quiere seguir como sociedad.

Frei habla de “vivir mejor”. Con toda seguridad dice: “vamos a vivir mejor”. Con todo convencimiento. Se oye en su voz. Está bien, es cierto. Probablemente él se lo crea, y todos en el fondo, también lo creamos. El tema es que probablemente con Piñera también algunos –no todos- vamos a vivir mejor. No hay entonces una diferenciación sustantiva de qué es lo que ofrece uno y qué el otro. Los dos parecen ofrecer lo mismo, pero uno es capaz de vender mejor su cuento que el otro. Es decir, la derecha sabe hacer bien ese trabajo, vender un producto un tanto difuso, blando, volátil. La Concertación NO LO SABE HACER.

Antes sí pudo, ¿por qué ahora no? Ni con el gurú de Tironi ha podido. Me dio pena ver una propaganda bien grande de Frei en Plaza Baquedano hecha de forma casera, una semana antes de que se terminara la campaña. Parece representar su mejor esfuerzo… una pena. A último minuto, han intentado hacer una campaña que venda promesas, pero ha sido a medias… ni ellos se la creen. La campaña, digo.

Lo preocupante, entonces, es que Frei y su sector no ha sido capaz de definirse: si ser un vende promesas como la derecha o uno que inspire y haga soñar a la población, como lo hicieron Aylwin, Frei y Lagos en su momento, –e incluso- la misma Bachelet.

No han sido capaces de encantar a la ciudadanía ni con una frase plástica ni con una frase más profunda que haga pensar en un país mejor, no sólo porque permitirá vivir mejor, sino también porque permitirá que su gente –sobre todo los que más sufren-, viva mejor gracias a una sociedad más igualitaria, donde haya una mejor distribución de ingresos, menos violencia simbólica entre ricos y pobres, menos segregación residencial. El discurso de la Concertación no es capaz de calentar a nadie. Ni con lo uno, ni con lo otro. Por eso van a perder.

En conclusión, Frei se encuentra entre dos nuevos aires de la centro-izquierda chilena. Por un lado, perviven los viejos vinagres cansados, que alguna vez tuvieron ganas, pero que hoy se ven decadentes, y estos nuevos rostros –la llamada nueva generación- que no son capaces de apasionarse con ningún proyecto de país más allá de arreglarle la vereda a la señora Jovita.

Hay resistencia en todo caso, pero tímida: Tohá, Lagos-Weber. No sé si Harboe. Llegaron demasiado tarde.

No solo con lo inmediato la gente se contenta. Hay una gran población que sí (45%) y que siempre ha votado por la derecha. Pero hay un gran resto: aquellos que votaron por Arrate, Frei, y algunos de los de ME-O. Todos nosotros exigimos –sin voz- una CAMPAÑA.

Las campañas no tiene por qué ser serias y ubicadas; deben, primero, ser capaces de entusiasmar… con sueños inmediatos como los que promete Piñera (¡1 millón de empleos!) o con sueños a largo plazo. Es evidente: los que están detrás de Frei no han sido capaces de mostrar convencimiento con alguna de las dos alternativas. Las dos sirven. Se sabe que un estilo sirvió todos estos años… ¿por qué ya no? Parece haber una comodidad y una desesperanza aprendida de parte de todo el mundo político, que se manifiesta en una especie de cansancio y acostumbramiento a la idea de que es imposible arrebatar de las entrañas del país ese sueño aspiracional, que nos tiene contentos ahora, pero que nos traerá en algún momento un país inmanejable.

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