jueves, 18 de marzo de 2010

Piñera y la catástrofe

He escuchado a algunos decir que Piñera no la tendrá muy fácil, que le toca una situación demasiado extrema que implica conocer los instrumentos del Estado para personas que no han estado nunca en él. Personas que solo colaboraron en la dictadura de Pinochet cuando todo estaba a pedir de boca.

Se habla que el país será más pobre, que costará atraer a la inversión y por ende tendremos menos capacidad de generar empleo... todo ello es cierto. Pero donde algunos ven un panorama muy difícil de administrar, yo veo un panorama fácil de manejar políticamente.

Piñera tiene el camino bastante allanado; debe levantar escuelas, levantar puentes, arreglar carreteras, dar bonos, subsidiar. Tiene que lograr recuperar al país en términos globales. Mientras hace eso, y todos nos concentramos en ello, dejamos pasar complicados y numerosos conflictos de interés como si nada: Partiendo por nuestro Presidente, Ministro de Salud, hasta Intendentes miembros de directorios de principales empresas encargadas de reconstruir ciudades. En fin.

Cuenta con la "unidad del país" para reconstruir todo lo caído. Y mientras eso pasa nos vamos olvidando de temas la precariedad laboral, sueldos mínimos, salud, educación. Es como si estuviéramos saliendo de la Dictadura y hubiera que preocuparse ahora solo de la Ampliación de acceso a servicios. Estamos, por decirlo de otra forma, en proceso de transición: Transición al Crecimiento, ya no al desarrollo.

En conclusión, Piñera puede servirse de esta situación como una gran oportunidad. Si hace la pega, que es lenta, tediosa, costosa, pero fácil políticamente, saldrá bien evaluado. Me parece que con la ayuda con que cuenta de la prensa tendrá todo en bandeja. Sólo deberá ocuparse de conseguir consensos en temas que nadie se opondría.

Mal por la Concertación que, más allá de lo que se necesita, parece estar al servicio del nuevo gobierno para no quedarse sin pan ni pedazo.

martes, 2 de febrero de 2010

La Izquierda y la Derecha?





















A propósito de un test que me llegó a los ojos el otro día, surge naturalmente la reflexión en torno a la validez actual de la antigua clasificación política-económica según izquierda y derecha.

Si antes, la clasificación política (de izquierda o derecha) decía de forma mucho más unívoca la orientación respecto del sistema económico, en la cual, por ejemplo, un marxista por definición estaba en contra del mercado y era liberal en lo social, hoy eso ya no puede decirse. La página politicalcompass.org sugiere que la validez de la clasificación política-económica según izquierda o derecha, es hoy insuficiente para definirse políticamente.

Esta nueva clasificación también podría aplicarse a décadas anteriores. Es decir, Stalin y Ghandi podrían haber sido clasificados, uno como más autoritario y otro como más libertariano, y como partidarios de distintos modelos económicos; el primero donde el Estado tiene gran supremacía y el segundo donde eso es variable. Sin embargo, la clasificaciones históricas siempre dijeron que simplemente los dos eran de izquierda.

Pues bien, dadas las circunstancias políticas chilenas y la suerte de incapacidad de explicar por qué se pierde una elección (lo que se refleja muy bien con la reflexión: "la gente que es de centro izquierda y concertacionista debería votar por la Concertación, es decir, por la centro izquierda"), surgen dudas respecto de por qué la gente tradicionalmente concertacionista vota esta vez por Piñera. Según mi parecer, lo que ocurre es que se ha producido una fuerte homogenización entre aquellos de "izquierda" y "derecha", una homogenización que no es total, diría casi puramente económica, pero es que es percibido por la población como que simplemente Piñera no es tan malo como lo pinta, es de clase media, es de los nuestros, sólo con un mayor gusto por la plata.

Lo anterior fue detectado por muchas de las personas que le dieron su voto a Piñera -y finalmente el triunfo- que se ve como menos conservador en lo social, aunque fuertemente liberal en lo económico. Y esa liberalidad en lo económico, que promulga como objetivo último, aquella aspiracionalidad de las personas, es lo que representa Piñera. En el fondo, el mensaje, es todos podemos llegar donde él.

En conclusión, si uno quiere orientarse un poco más acerca de dónde uno se sitúa en esta escala política que ya no tiene solo un eje, es útil contestar el test de manera de saber que más allá de las uniformidades económicas, hay un factor social que SÍ importa a la hora de elegir gobernantes.

lunes, 1 de febrero de 2010

Muerte Anunciada...

Domingo 10 de Enero de 2010.


Carta Abierta a la Concertación

Creo que uno de los principales errores que ha mostrado esta campaña política de Frei, y que probablemente lo harán perder el próximo 17 de Enero, es que no ha sabido expresar, primero, qué es lo que quiere, y segundo, qué le acomoda más. No ha podido resolver la pregunta de si es más partidario de la acción política en todo su sentido (al Estilo de los grandes políticos como Lagos, Insulza), y que es lo que hoy la ciudadanía detesta -encarnada en su máxima expresión con la soberbia de Escalona y Latorre-, o si más bien se encuentra cercano a la “nueva” forma de hacer política que la derecha tan bien ha encarnado con “liderazgos” como los de Andrea Molina, Marcela Sabat, Patricio Laguna, y que por acá Orrego, Undurraga, Harboe pretenden imitar en un cierto sentido de cercanía con las personas... pero de una manera mucho más llena de contenido.


Una acción política más en terreno, pero que no ha mostrado muchas luces acerca de cuál es la idea grande que se quiere seguir como sociedad.

Frei habla de “vivir mejor”. Con toda seguridad dice: “vamos a vivir mejor”. Con todo convencimiento. Se oye en su voz. Está bien, es cierto. Probablemente él se lo crea, y todos en el fondo, también lo creamos. El tema es que probablemente con Piñera también algunos –no todos- vamos a vivir mejor. No hay entonces una diferenciación sustantiva de qué es lo que ofrece uno y qué el otro. Los dos parecen ofrecer lo mismo, pero uno es capaz de vender mejor su cuento que el otro. Es decir, la derecha sabe hacer bien ese trabajo, vender un producto un tanto difuso, blando, volátil. La Concertación NO LO SABE HACER.

Antes sí pudo, ¿por qué ahora no? Ni con el gurú de Tironi ha podido. Me dio pena ver una propaganda bien grande de Frei en Plaza Baquedano hecha de forma casera, una semana antes de que se terminara la campaña. Parece representar su mejor esfuerzo… una pena. A último minuto, han intentado hacer una campaña que venda promesas, pero ha sido a medias… ni ellos se la creen. La campaña, digo.

Lo preocupante, entonces, es que Frei y su sector no ha sido capaz de definirse: si ser un vende promesas como la derecha o uno que inspire y haga soñar a la población, como lo hicieron Aylwin, Frei y Lagos en su momento, –e incluso- la misma Bachelet.

No han sido capaces de encantar a la ciudadanía ni con una frase plástica ni con una frase más profunda que haga pensar en un país mejor, no sólo porque permitirá vivir mejor, sino también porque permitirá que su gente –sobre todo los que más sufren-, viva mejor gracias a una sociedad más igualitaria, donde haya una mejor distribución de ingresos, menos violencia simbólica entre ricos y pobres, menos segregación residencial. El discurso de la Concertación no es capaz de calentar a nadie. Ni con lo uno, ni con lo otro. Por eso van a perder.

En conclusión, Frei se encuentra entre dos nuevos aires de la centro-izquierda chilena. Por un lado, perviven los viejos vinagres cansados, que alguna vez tuvieron ganas, pero que hoy se ven decadentes, y estos nuevos rostros –la llamada nueva generación- que no son capaces de apasionarse con ningún proyecto de país más allá de arreglarle la vereda a la señora Jovita.

Hay resistencia en todo caso, pero tímida: Tohá, Lagos-Weber. No sé si Harboe. Llegaron demasiado tarde.

No solo con lo inmediato la gente se contenta. Hay una gran población que sí (45%) y que siempre ha votado por la derecha. Pero hay un gran resto: aquellos que votaron por Arrate, Frei, y algunos de los de ME-O. Todos nosotros exigimos –sin voz- una CAMPAÑA.

Las campañas no tiene por qué ser serias y ubicadas; deben, primero, ser capaces de entusiasmar… con sueños inmediatos como los que promete Piñera (¡1 millón de empleos!) o con sueños a largo plazo. Es evidente: los que están detrás de Frei no han sido capaces de mostrar convencimiento con alguna de las dos alternativas. Las dos sirven. Se sabe que un estilo sirvió todos estos años… ¿por qué ya no? Parece haber una comodidad y una desesperanza aprendida de parte de todo el mundo político, que se manifiesta en una especie de cansancio y acostumbramiento a la idea de que es imposible arrebatar de las entrañas del país ese sueño aspiracional, que nos tiene contentos ahora, pero que nos traerá en algún momento un país inmanejable.

No es para tanto...


A propósito de un post que leí por ahí, que hablaba de que lo de la Pequeña Gigante es sólo Pan y Circo, profundizo en lo expuesto:

El planteamiento de Recabarren, tiene cierta validez hoy, en el sentido que continúa habiendo una clase dominada y otra dominante. Cada vez menos claramente, ya que se ha expandido el círculo de la riqueza, de la clase media, y aquello que antes parecía tan lejano, hoy ya no lo es. Entre otras cosas, el acceso al consumo y la cobertura educacional lo han permitido.

En este sentido, considero válido el planteamiento de Recabarren... el tema es que hay que ajustarlo y ver si se adecúa a la actualidad. Primero, hay que preguntarse, ¿antes, qué función cumplía la fiesta? ¿Quién la organizaba? Antes, cumplía el objetivo de dejar emborrachada a la gente a pesar de la miseria en la que vivían. Además, era organizada por señores que sustentaban esa miseria. Hoy, eso no es tan claro.

Hoy NO se da la miseria de esas épocas. Obviamente, nunca puede llegarse a cero, pero definitivamente no existe aquella miseria de principios de siglo.

Además, esta fiesta, claramente, no la organizan los señores. Si bien está organizada por gente del arte, que podrían criticarse por definir arbitrariamente qué es la ‘Alta Cultura’, es una fiesta organizada por sectores de la CIUDADANÍA, no por las élites. Es para la Ciudadanía, con ella; no sólo para dejarla feliz sino para incorporarla al disfrute. Permite, en otras palabras, acceso al consumo cultural (por más que a algunos les cause urticaria el concepto de consumo). Porque es eso lo que es espera: que toda la gente pueda acceder al CONSUMO CULTURAL.


Por lo tanto, no me parece que hoy haya una realidad tan atroz que deba ser sublimada a través de la fiesta. Hoy, lo que hay es una fiesta ciudadana como hace tiempo no había, en la cual la familia y todo Santiago se hacen dueños de la ciudad, de aquella ciudad que siempre les ha pertenecido, pero que por diferentes circunstancias ha dejado de sentirse como propia.